En buena hora llegamos a Almería

En buena hora llegamos a Almería mis versos, mis dibujos y yo, para hacernos libro. Allí el manuscrito fue premiado por la Facultad de poesía José Ángel Valente, coordinada por Raúl Quinto e Isabel Giménez Caro. Y allí se forjó este poemario ilustrado, gracias al trabajo de edición de Miguel Gallego, para abrir la colección Librería del Desierto, editada por la Universidad de Almería. Y en esa ciudad nos reencontramos todos el pasado 26 de abril. Seguir leyendo

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Primavera de libros

Como ya ocurrió el año pasado por estas fechas, la primavera se ha convertido en esa temporada cálida en que los esfuerzos y la rigurosa resistencia del invierno empiezan a florecer. Serán los ciclos naturales o será que, a fuerza de encerrarse en casa para evitar la lluvia y el frío, una hace ese trabajo de hormiguita que consigue mover adelante los proyectos.

Si hace un año empecé a recitar en público y presenté mi primer libro, Cómo escribir audioguías, ahora aquellos poemas que salían por primera vez al encuentro de amigos y aficionados a la poesía han tomado la forma de un libro, que también se presentará próximamente.

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Besos

Cuidar
que un beso nunca
sea
fichar a la entrada y la salida de la fábrica,
comprar un billete al subir al autobús,
pulsar el interruptor de la luz
al llegar a casa,
apagar la radio del coche
para poder aparcar.

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No somos de aquí

Pasó casi catorce años, una cuarta parte de su vida, en una tierra extraña. Ni demasiado desconocida ni demasiado lejana. Y sin embargo, en esa época, el color negro de su pelo y sus ojos, sus rasgos agitanados, sus manos volátiles en espiral, el gusto por el cante y el baile, de un flamenco hondo y susurrado, el seseo exagerado de sus ces y sus zetas la señalaban como diferente.

Buscaba sin descanso ni consuelo una alegría ausente en la tierra donde todo está cerrado y oscuro a las ocho de la tarde y las familias comen día tras día piedras de miseria, ahorrando para una «finca» en el campo, en la playa.

Se supo extranjera. Y a mí, que di mis primeros pasos en esa tierra no tan lejana ni desconocida, en las grandes avenidas huérfanas y grises, me contagió la nostalgia de una casa natal que nunca conocí.

Y ahora no soy de ningún sitio, desarraigada. Y aunque sea útil y práctico mantener la sangre fría para contemplarlo todo con distancia y perspectiva, sacar conclusiones sin dejarse llevar por la emoción, también sé que desde aquí se atisba una brecha: el abismo de la soledad, la pena oscura de no pertenecer a nada ni a nadie.

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Montura para dragones y otros animales fantásticos

Princesa atrapada en su torre de marfil busca dragón con capacidad de llamarada suficiente para derretir las gélidas cumbres del castillo y hacer brotar de nuevo las flores en el camino y alas abiertas para descender juntos planeando hasta poner el pie en tierra y poder mirar a los hombres a los ojos. Se ofrece catalejo y otros instrumentos de observación del territorio, información cartográfica bastante para huir del país si fuera necesario, interesante conversación basada en los viejos cuentos del castillo y los libros de magia y ciencia ocultos en su biblioteca y montura para dragones y otros animales fantásticos.

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Esos inventos del demonio

Para hacer un buen calendario
debe uno aplanar el relieve de sus días
hasta hacerlos finas hojas de papel,
de esas capaces de volar en el olvido
de los vientos de otoño,
mojarse y deshacerse en los charcos
de las expectativas ajenas
y la vida reglada,
arder en los deseos propios
hasta consumirse en cenizas
y dejar la cicatriz de la quemadura.
Pero ha de ser un papel de calidad,
poroso para absorber sin miedo
la tinta negra de los días grises,
la tinta roja de los festivos
que hay obligación de celebrar.
Y con las hojas elegidas
y los números impresos
debe uno repetir la secuencia
y ordenar el tiempo futuro
como si fuera materia, barro
que modelar en las manos,
con la ingenua creencia
de que la alegría no ensancha las horas,
de que la angustia no detiene los días,
como soberbios dioses perezosos
que se saben inmortales
y pueden escoger
todas sus certezas.

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Cosas que han perdido su poder

La hoja mellada de un cuchillo.
El gel de sílice en la vitrina del museo cerrado por obras. El museo cerrado por obras. El museo.
Un cajón vacío.
Un décimo de lotería de Navidad el 23 de diciembre. Los chinitos de la suerte. El zapato de Cenicienta.
Las oraciones a Dios. Las invocaciones al lobo y al hombre del saco.
Las amenazas del jefe.
Contar la misma historia una y otra vez.
Tus versos. El recuerdo del tacto de tu mano en la piel de mi espalda.

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