Felicidades, Borja

Hoy cumple años Borja de Diego, así que puede ser un buen día para que les hable de este escritor que mucha gente no conocerá. Porque no está en Madrid ni en Barcelona, porque no es influencer ni aspira a serlo, porque hace su trabajo en silencio y sin llamar la atención.

Aunque estos últimos años está escribiendo muchas obras de teatro, Borja es ante todo poeta. Porque ser poeta no tiene tanto que ver con abordar uno u otro género, siguiendo los criterios del canon, como con la manera en que se vive la escritura.

Él lo hace desde el amor a la palabra y la búsqueda de lo esencial. Pule el lenguaje día a día, con mimo, hasta alcanzar la precisión capaz de evocar lo inefable, hacer transparente la complejidad, exponer el matiz, señalar el titubeo, la duda. Por eso sus textos están siempre en construcción y en revisión, por eso sabe que nunca serán perfectos.

No pretende epatar, sorprender o provocar. Porque nunca fue enfant terrible, ni pretendió serlo, sino un buen chico sin doblez. Sus palabras no son puñaladas ni estallidos. Son la caricia que consuela y el banco en el camino en que dejarse caer exhausta: compañía y refugio ante una realidad que, lo sabemos, no es hermosa.

A veces toman cuerpo en verso, como aquellos breves y certeros de su poemario Barro. En otras ocasiones, se hilan en historias mínimas y brillantes, como las que componen su libro El leñador de sombras y otros cuentos, su primera obra publicada.

Y, a menudo, ocupan la escena. Lleva los últimos 7 años dedicados a este empeño, desde sus Leyendas de agua dulce, que estrenó en 2013 con La Madeja Teatro, hasta El peso de Judas, arropado por la misma compañía.

Esta obra fue nominada a los premios Escenarios de Sevilla en las categorías de autoría e interpretación, a cargo del gran José Chía. Y, por cierto, habría rebrotado en varias funciones esta primavera, pero ya sabemos por qué no es posible.

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Borja de Diego y José Chía en una lectura dramatizada de El peso de Judas en el Centro de investigación y recursos de las artes escénicas de Andalucía – Fotografía: Coral González y Florentino Yamuza

La continuidad en la colaboración con esta compañía no es casual porque Borja, cuando llega, se queda. Porque el teatro, ya lo he dicho en otras ocasiones, es ante todo compartir y trabajo en equipo. Y no se me ocurre nadie como él para asumir las tareas que esto implica: escuchar y aprender del otro, adaptarse y crecer juntos.

Esos teatros que ahora están cerrados han acogido otras obras suyas como Cartas, de Miua Teatro, donde se ponía en la voz de seis mujeres históricas, en este afán suyo de acercarse y entender al otro; u Homo Político, que había nacido con un título mucho más certero: Retablo de la decadencia política en España, una crítica que servía como excusa para reírnos de nuestras miserias.

Ojalá esos teatros reabran pronto y podamos reencontrarnos. Mientras, tenemos sus libros y sus palabras en la red. Léanlo.

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