Primeras veces

Cada mes de diciembre sucumbo al tópico de hacer balance del año. No sólo porque se termina, sino porque durante este mes cumplo años y no puedo evitar preguntarme cómo y cuánto he crecido, aprendido y evolucionado durante los últimos doce meses: ¿ha merecido la pena?  Contestar a la pregunta en esta ocasión es muy sencillo. Sólo tengo que elaborar una lista de cosas que he hecho por primera vez, oportunidades que he aprovechado para aprender, ocasiones en que elegido abrir los ojos a algo nuevo. Y sí, ha sido enriquecedor volver a mirar con inocencia y sin prejuicios, asumir el papel de eterna aprendiz que prefiere escuchar a dar lecciones, la valentía de exponerme a no tener razón. Y esto, para quienes me conocen de cerca, saben que es un paso grande.

Entre la lista de primeras veces está…

Escribir teatro. Es cierto que, hace siete años, como todos los alumnos del Máster de Escritura Creativa de la US de aquella promoción, participé en el taller de escritura dramática. Yo escribí en ese taller lo mínimo, lo necesario para aprobar, sin saber mucho del tema y sin intención de continuar ese camino. Pero he tenido la gran fortuna de cruzarme con el escritor Borja de Diego que, desde hace más o menos un año, no deja de insistirme en que pruebe a recorrerlo. Su constante arenga se sumó a la petición del actor Alejandro Lorence que, de manera sorprendente y sin apenas conocerme, me preguntó si me atrevería a escribir alguna obra dramática en la que él pudiera participar. Alejandro es ambicioso, pero yo sé que aún tengo demasiado que aprender. Así que empezamos poquito a poco: escribí una pieza de teatro breve, de unos 15 minutos, que interpretó él, junto a la actriz Isabel Victoria y bajo la dirección de José Chía, persona generosa como pocas, con la que es un gusto trabajar y aprender. Luego vinieron más textos, que me gustaría montar con el mismo equipo. Incluso una trilogía -¿una primera obra larga?- de enfoque feminista.

Fotografía de Alejandro Lorence e Isabel Victoria interpretando "Vengo a hablar de mi cuadro".

Vengo a hablar de mi cuadro

Publicar y presentar mi primer poemario, ilustrado además por mí. Vale que ni la decisión de publicarlo ni las cuestiones de edición fueron cosa mía: fueron las consecuencias de ganar el premio de la Facultad de Poesía José Ángel Valente. Y estoy enormemente agradecida a los responsables del premio y de la editorial de la Universidad de Almería por hacerlo posible. Participar en el proceso fue emocionante. Y más aún hacerlo con ilustraciones propias, retomando así aquella primera vocación del dibujo y la pintura que había dejado aparcada hacía tantos años. Acudir a Almería a presentarlo y hacerlo en su Feria del Libro fue otro regalo, donde yo no tuve más mérito que disfrutar de la experiencia (poniéndome muy nerviosa, entre otras cosas).

Presentación del poemario "En buena hora" en la Feria del Libro de Almería

Presentación del poemario “En buena hora” en la Feria del Libro de Almería

Escribir mi primer guion de un corto de ficción. Llevo escribiendo guiones profesionalmente desde 2003. Empezaron siendo reportajes para magazines culturales, los guiones completos de esos mismos programas, documentales sobre arte, cultura y patrimonio… Y, desde 2008, también audiovisuales para museos, interactivos, audioguías y guías multimedia. Es decir, guiones de no ficción. Esto siempre me ha hecho creerme muy poco guionista, casi nada. Parece que una sólo es guionista si escribe ficción, ya sea para tele o para cine. No digo que no me atraiga la idea, al contrario. Es sólo que no he tenido la oportunidad. Y de repente, este verano, me abordó una serie de imágenes enlazadas en un flujo que no era capaz de detener. Tenía que escribir aquello, aunque sólo fuera para aprender del proceso, aunque nunca llegara a producirse. Acabo de imprimir la última versión para tenerla en papel y así poder realizar correcciones más fácilmente. No está terminado ni mucho menos. Quiero seguir, por continuar aprendiendo. Y a ver a dónde me lleva.

Acercarme al ámbito de los videojuegos. No sé si jugar a Tetris con obsesión en 1994 me convierte en jugadora. Desde aquel hito histórico, este año ha sido el que más horas he dedicado a jugar, por el afán de aprender a hacerlo y por conocer videojuegos interesantes, que destacasen por su narrativa. Además, he participado en un curso de creación de videojuegos. Aunque en principio pareciera imposible, he aprendido mucho en el proceso. Sobre todo, he aprendido que no sirvo para programar, ni manejando herramientas sencillas como Unity. Como diría Homer Simpson: «¿y eso no puede hacerlo otro?». Estoy muy a favor de la especialización en todas las producciones culturales -y considero que los videojuegos lo son-, así que yo prefiero quedarme en la parte que me toca: aprender a escribir guiones de videojuegos. Ojalá pueda seguir ese camino también el año próximo. Hay muchas historias que contar y los videojuegos pueden ser una herramienta perfecta para hacerlo.

Ser miembro del Jurado Asecan en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Cómo mola, ¿no? He podido ver muchísimas películas: lo mejor del cine europeo que se está haciendo ahora mismo y los mejores cortos de producción andaluza. He podido comprobar las tendencias actuales de la creación cinematográfica, en cuanto a contenido y estética. Y me he sorprendido con la variedad y calidad de propuestas. Tengo un cuaderno lleno de anotaciones compulsivas con todos los descubrimientos, con los hallazgos que he podido disfrutar. Y me quedo con las ganas de compartirlo -no dejaba de pensar lo bonito que sería poder escribir esas críticas- y con la presión que sentí al tener la responsabilidad de valorarlo. Espero haber hecho un buen trabajo. Aquí, los tres miembros del jurado, súper cuquis:

Jurado Asecan del SEFF17. Foto de David Vico.

Mateo Cabeza, Almudena López Molina y Mónica Rey, Jurado Asecan del SEFF17. Foto de David Vico.

Plantearme la docencia. Esta palabra me aterra. Desde que escogí estudiar Historia del Arte, hace 20 años, llevo escuchando esa eterna pregunta: «¿es que quieres dedicarte a la docencia?». No, nunca quise. Nunca he querido dar clases de Historia del Arte en un instituto o en una universidad. No me atrae nada esa labor, ni el ámbito académico donde se desarrolla. Y, sin embargo, me doy cuenta de que toda mi trayectoria profesional ha estado enfocada a una cosa que es parecida a la docencia y que no puedo definir con una sola palabra: acercar, divulgar, dar contexto, difundir e interpretar obras de arte para distintos tipos de público. Eso no me convierte en docente de la disciplina académica en la que me licencié. Pero me acerca a los procesos de la docencia. Y, en ellos, encuentro que es una sensación maravillosa provocar ese descubrimiento en la mirada del otro. Es raro, ¿eh? Así que no, no voy a ser profe de Historia del Arte en un instituto o una universidad, al menos de momento. Pero sí me planteo mostrar cómo hago mi trabajo para que puedan hacerlo otros. Más noticias, pronto.

 

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Una respuesta a Primeras veces

  1. Felicidades Almudena López Molina sigue adelante y por favor sigue contándonos tus avatares ,que valen la pena. Los acompaño desde Uruguay y siempre los disfruto.
    Cordiales saludos Pablo Gancio Molares.

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