Atenas está muerta

Atenas está muerta.
La Acrópolis queda sola en lo alto,
desdibujada y gris como una anécdota.
Brota a ratos en la televisión,
como brota en tu memoria el recuerdo
del colegio y la lección repetida:
Grecia, arquitecta de la democracia.
Una corona de laurel que brilla
más que el oro. Más para los atletas.
Civilización. Pericles. Arjé.
Pero estos no son aquellos.
Estos son los vencidos por Esparta,
la cultura de aquellos que lanzaban
a los niños enfermos al abismo.

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