Hacer cosas que hay que hacer

Hacer cosas que hay que hacer,
como tirar la basura, ordenar los armarios,
responder a correos antiguos o llamadas
impertinentes de comerciales a deshora
que no tienen más remedio que hacer
para vivir.
O inventar un juego nuevo con que devanarnos
las entrañas y pringar nuestros dedos dentro,
en la sangre y las vísceras, para marcarnos
las mejillas de trazos rojos, como los indios.
O escuchar la lluvia y entenderla y descubrir
que tiene una voz que me recuerda
a alguien que una vez no escuché lo suficiente.
O correr por las calles sin tener prisa,
solo por dejarme pillar por la alegría.
O tirar las penas, ordenar los pensamientos
rebuscando en los armarios en lo alto del desván,
responder a los correos y las llamadas
del cuerpo y del corazón, del mío y de los míos,
de los otros, de aquellos
que no tienen más remedio que hacer
para vivir.
Tan difícil. Aire: no respiro.

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