No voy hablando sola

No voy hablando sola
por mi casa, como las locas.
Escribo poemas.
Escribo en voz alta porque sé
que esa es la única manera
de escucharme y reconocerme.
Escribo en voz alta porque sé
que lo hago para ciegos
de corazón, como mi alma inerte
en los días nublados de productividad,
de enviar emails y gestionar reuniones
con clientes y firmar el borrador
de Hacienda y revisar los plazos
de lluvia para la tormenta eléctrica.
Escribo en voz alta, es cierto, amigos.
A veces, incluso, sobre días reunidos,
clientes borrados, haciendas eléctricas.
Y, casi siempre,
sobre lluvias aplazadas. Escribo.
Y ya que me habéis oído
no puedo negarlo.
Ya que me habéis oído,
quizá, incluso, me hayáis escuchado.
Escribo y solo puedo pediros
una cosa, breve y absurda,
como la vida:
tened piedad.

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