No es el rayo

No es el rayo que te parte en dos,
sin avisar, por la espalda.
Ni el temblor de tierra
que te zarandea
por los hombros,desde los pies.
Ni el viento que te sopla y te eleva
y te lleva lejos, sacudiéndote
el polvo, despeinándote
hasta las pestañas,
metiéndose dentro de los ojos,
haciendo saltar las lágrimas.
No es el ritmo infinito de la música
que llega a los oídos y hace vibrar
el tímpano a intervalos acompasados.
No lo viste, por sorpresa, al otro lado
de la calle; no te dejó clavado
al suelo su mirada o su sonrisa
o sus andares en el mercado,
o subiendo la escalera del gimnasio
o la biblioteca del departamento
de comunicación o la fábrica
de botones que parecen pensados
para abotonar tu boca a la suya,
o la cervecería donde beber del mismo vaso
fingiendo no darse cuenta,
porque el error puede ser la excusa
para el fogonazo.
No. Eso que te martillea
desde fuera, que sientes como el golpe
de un yunque en la cabeza,
como la electricidad contenida
entre dos pares de ojos que se encuentran
no es más que el cebo.
Una llamada de atención
del mundo para que lo mires
con cuidado y veas
que hay belleza
fuera de ti y dentro,
al otro lado del espejo.
Que el amor es un verbo transitivo,
sin sujeto pasivo. Que lo haces tú,
conmigo o con otros,
cuando te quieres bien
y caminas a mi lado.

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