La ceremonia

Es conducida por el propietario, varón,
ante el altar de celebraciones,
cubierta por una tela blanca
para ocultar sus ojos de cordero
al borde del degüello,
asida por un miembro, eslabón preparado
para anclar la cadena,
porque la víctima propiciatoria
es inocente, como los niños
de mano inocente
en los sorteos,
como las bestias que no tienen
entendimiento ni voluntad.
Es conducida por el propietario, varón,
para ser entregada a otro hombre,
al que deberá sacrificarse en pago
de su deuda. Entrega y sacrificio
de sangre corriendo río abajo
por los muslos, para ofrecer un cachorro,
varón, porque ese es el fin
de la ceremonia.

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