Tu anatomía es sagrada

Tu anatomía es sagrada.
Tu dedo meñique es sagrado.
Los ojos con los que miras mis ojos
a través del fondo del vaso,
desde el reflejo invertido de la cuchara,
atrapado en un copo de invierno
cálido, que no conoce la nieve,
son sagrados.
No porque los haya inventado dios,
que no hay por qué meter a dios en esto.
Ni siquiera porque los haya creado con mimo
una naturaleza de afán destructor,
desatada en la tiniebla de células
y memoria genética. Tampoco
porque muchos otros antes que tú
hayan tenido que amarse mucho, muchas veces,
para dar a luz ese dedo meñique,
para alumbrar esos ojos. No.
Son sagrados
porque son vida, el don que tienes.
A ellos te debes y nada más.

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