Cartografía

Dicen los cartógrafos
que los mapas no se pueden doblar.
Los sabios lo prohíben:
la ciudad tiene un perfil, explican,
inmutable a corto plazo
que solo la historia de siglos
es capaz de dibujar.

Pero yo sé
que si doblamos el mapa de nuestra ciudad
tu casa quedará sobre la mía
y yo sobre la tuya.

Pero tú sobrevuelas las praderas
de la Región de los Grandes Lagos
y yo pedaleo la Gran Muralla
mientras tú sesteas en Honolulu
y yo corro la maratón de Nueva York.
Ni siquiera compartimos
el (h)uso horario.

Yo deletreo tu nombre sin saber
pronunciarlo y tú haces puzles
con los números que forman
mi fecha de nacimiento.
Tú enfocas tu voz gigante
hacia el micrófono, mientras
yo bailo sin oír el tarareo.
Improviso la coreografía
para tus ojos cerrados.

Tú odias viajar con mapa y te dejas llevar
por el viento, por la marea humana
o el conductor del autobús.
Mientras yo ando exhausta de diseñarlos
sin conocer las reglas
de la cartografía.
¿Cuántos siglos llevamos
doblando el mapa de nuestra ciudad?
¿Cuántos segundos para dibujar
otro mapa del mundo?

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