Por qué salí cabreada de ver Birdman

Poster de la películaPuede que esta entrada tuviera más sentido hace una semana, sí, en toda la vorágine de la entrega de los Oscar, sabiendo de antemano ganadora a esta película. Pero mi intención no es defender Boyhood, que ni siquiera he visto, ni me parece que el rollo de los premios de la Academia tenga tanta importancia, salvo para quienes viven de ellos. Como espectadora, me interesan las obras por sí mismas, no por su envoltorio. Y fue ayer cuando debatía con unos amigos sobre Birdman. Y quizá se quedaron cosas en el tintero o hubo argumentos que no supe explicar. La reacción emocional que me provocó esta película, entre el desapego, el desprecio y el enfado, se merecen esa explicación.

Razones del cabreo:

  • Es pretenciosa:  primero, no basta con el título, sino que hay que incluir un subtítulo rimbombante. De entrada, nos planta una cita de Carver en la cara para ponernos en situación, decirnos que se plantea tratar uno de los grandes temas de la humanidad, el amor, la necesidad del ser humano de sentirse amado. Continúa haciendo grandes aspavientos alrededor de Carver y el amor. No apunta bajo, no. Además, el desarrollo tiene que ser a base de fuegos artificiales, para que sepamos lo listo y lo virtuoso que es el autor. Cansino.
  • Toma al espectador por tonto: sí, a pesar de que va de cultureta, no deja espacio para la reflexión del espectador. Solo quiere soltarnos su discurso desde el primer momento. Es muy desagradable leer esa cita de Carver al principio e ir descubriendo, progresivamente, que en realidad servía ante todo para destripar la película y no para ofrecer un punto de partida. Repite los temas machaconamente, por si acaso se nos escapa algo, por si no los fuéramos a entender. Incluso el chiste de superhéroes deja de tener gracia a la decimoquinta repetición -ah, sí, los actores guays están todos interpretando superhéroes, qué díver-. Incluso esa estructura de repetición, camuflada con los ensayos del teatro, para mostrar una serie de revelaciones crecientes, es burda. Si yo -que no soy tan lista- he visto que es una estructura con un objetivo claro es que es evidente y cutre. La presunción de ignorancia del espectador llega al punto culminante cuando la ex-mujer del protagonista verbaliza su conflicto. «Confundes amor con admiración», le dice. Y se queda tan ancha. Y claro, todos hablamos así cotidianamente.
  • El famoso plano secuencia solo se justifica por sí mismo, como una virguería técnica. No tiene sentido, no implica nada. Ah, sí, quizá sirve para mostrar esa continuidad del teatro como la vida o para hacer esos seguimientos de los personajes entre bambalinas. Pero no hacía falta. Lo mismo podía decirse con menos, más fácil, más sencillo. Así que al final no deja de ser eso, una chulería por parte del director. Y no se a vosotros, pero a mí me cabrea que me chuleen.
  • Es hipócrita: no se puede hacer una crítica despiadada a Hollywood, pero que luego resulte flojita, para camelarte al público y a la propia industria. Es una película de Hollywood y es ombliguista, tanto que es imposible empatizar con la historia o los personajes. Hace exactamente lo que critica, emplea los mismos fuegos artificiales, las mismas estructuras y la misma complacencia.
  • Es antipática: el personaje protagonista es antipático y todos los demás lo son. Lo son en un sentido profundo, de manera que es imposible empatizar con ellos. Y quizá por eso, el único personaje atractivo es el que se muestra declaradamente antipático, sin más doblez: el actor que interpreta Edward Norton. Todo lo demás, todos los demás, nos quedan tan lejos a cualquiera de los espectadores, en emociones y motivaciones, que es imposible sentir un mínimo de compasión y emoción al descubrir su destino.
  • No eran necesarios tres amagos de suicidio para matar al personaje. Al primero ya tenía que estar muerto. Y habría sido una peli decente, sin más. Pero alargarlo de esa manera, para poder meter helicópteros estallando en el aire y para darle tiempo al protagonista de cumplir su objetivo -estrenar, que no triunfar- es construir un happy ending que agrade todos y no resulte totalmente descorazonador. Oh, ¿habría demasiado duro para la crítica, demasiado intragable para la industria, demasiado poco comercial para el público hacer un héroe realmente patético que no llegara a ningún lado? Iñárritu, sabes tan bien como yo que el personaje te estaba pidiendo que lo mataras desde el minuto uno. Todo lo demás fue alargarlo demasiado. Y, de nuevo, ser complaciente con esa coherencia interna tan made-in-Hollywood.

Vamos, que la película está muy bien hecha y todo lo que queráis. Pero, ¿para qué? Si ya el director sabía lo que quería decir desde el principio y únicamente quería demostrar lo bien que era capaz de contarlo. ¿Es para cabrearse o no?

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2 respuestas a Por qué salí cabreada de ver Birdman

  1. Iñaki dijo:

    Tenia muchas ganas de verla y ahora, después e leerte, pues sigo queriendo , para tener conversación , más que nada.

    • almudenalopezmolina dijo:

      Vaya, espero no haber condicionado tu visionado. Eso siempre es un fastidio. Cuando la veas, hablamos, claro que sí 😉

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