Lo que aprendí de Delvaux escribiendo su audioguía

Hoy se inaugura la exposición «Delvaux: paseo por el amor y la muerte» en el Museo Thyssen Bornemisza. Una exposición en la que he colaborado escribiendo el guion de la audioguía, lo que me ha ofrecido la oportunidad de comentar obras tan significativas en la trayectoria del pintor belga como esta:

La edad de hierro, lienzo de 1951

Aunque visto ahora me parezca impensable, Paul Delvaux es uno de los grandes olvidados en los programas de estudio de Historia del Arte. Al menos, lo fue en mi Facultad cuando yo estudiaba. Así que cuando me propusieron elaborar este guion, me pillaron en blanco: su nombre me sonaba y sus obras, vistas a golpe de click, también me parecían familiares. Pero mi memoria no era capaz de otorgarles un contexto determinado.

Conforme fui documentando el guion, leyendo los textos de catálogo aportados por el Museo y otras fuentes bibliográficas, comprendí las razones de este olvido, más o menos consciente. En muchos lugares se define a Paul Delvaux como un pintor «inclasificable» o «difícil de etiquetar». Y esa es una de las actividades más estimadas y frecuentes de los historiadores del arte: clasificar, etiquetar, ordenar. En definitiva, de ahí surgió la disciplina: un montón de obras, resultantes del trabajo y el esfuerzo compartido de siglos, al que había que dar un sentido construyendo una narración. Existe una infinidad de artistas que no termina de encajar en las categorías creadas de esta manera más o menos artificial. Pero a su vez, sus nombres se pueden incluir en dos grupos: los genios rupturistas que marcaron un cambio y supusieron una gran influencia en la Historia del Arte y los genios olvidados que construyeron un universo propio, quedando en tierra de nadie.

Este era el sino de Delvaux, que inició su camino siguiendo los rastros de un expresionismo tardío, que compartió escenario con Magritte y utilizó elementos de la poética surrealista pero siempre se desmarcó del movimiento, que mantuvo unos rasgos formales y unos motivos recurrentes invariables a lo largo de toda su trayectoria, que ignoró conscientemente el ruido del siglo XX para crear un silencio que fuera solo propio: un artista, por tanto, recordado solo por los especialistas. Y por eso esta exposición es importante: porque lo rescata para una gran mayoría de público. Y sí, historiadores, aunque no lo creáis, existe una gran mayoría de público que no sabe quién es Delvaux. De hecho, cuando he comentado en mi círculo más cercano el trabajo que estaba haciendo, la respuesta era siempre «¿Paul qué?». Y no se trata precisamente de iletrados.

Documentar y escribir el guion de la audioguía de Delvaux, partiendo solo de una vaga idea de la identidad del artista, también me ha permitido comprobar cómo la escritura es un proceso de entendimiento, de aproximación a los temas sobre los que se escribe. Primero fue leer sobre el artista. Luego, contemplar su obra desde una mirada crítica: buscar paralelismos, elementos que se repetían o mutaban, la evolución de sus formas. Y, quizá de manera especial, la conclusión fue leer las palabras de Delvaux. Es lo bueno de trabajar con el arte del siglo XX en adelante: hay muchísima documentación que permite conocer de primera mano el proceso de trabajo del artista, sus inquietudes, su intención… Evidentemente, el artista puede errar sobre el efecto que causan sus obras. Pero incluso ese error constituye una información valiosa. Es por eso por lo que otorgué una especial importancia a las citas de Delvaux, que aparecen con frecuencia en el guion, aportando siempre un sentido, un punto de vista privilegiado, sobre cada obra.

A partir de ahí, contemplar las obras de la exposición y seleccionarlas para construir un discurso que permitiera tratar las claves. El objetivo no era desnudar a Delvaux, que ya anda -desnudo o vestido- por muchos de sus cuadros. Sino dar algunas pistas, guiar la mirada por las obras e iluminar algunas zonas a oscuras, para llevar a los espectadores de la mano hasta escuchar las preguntas que plantea Delvaux.

Conforme iba escribiendo me daba cuenta de que las preguntas, más que las respuestas, son lo importante en la obra de este artista. Es por eso por lo que en ocasiones las planteo de manera directa en el guion. En otras, respeto la ambigüedad que reina en las obras del pintor. En Delvaux hay mujeres desnudas recostadas como Venus, edificios vacíos que parecen templos griegos, iglesias bizantinas o palacios de cuento en ciudades ideales, esqueletos que cobran vida y monstruos de feria, un aroma a nocturnidad, luz de luna, la marcha constante de una locomotora sin vagones, espejos y cuevas. Pero conocer estos elementos es solo asimilar las palabras que forman su vocabulario.

Ahora se trata de leer esas palabras en sus cuadros y otorgarles un sentido. Porque, como él mismo decía: «Un mismo cuadro puede tener, y en realidad tiene, diferentes significados en función de la actitud y el aporte de los espectadores».

Espero que disfrutéis de la exposición tanto como yo he disfrutado de la escritura. Y si tenéis oportunidad de escuchar la audioguía, espero vuestros comentarios.

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