Desde el escaparate

Hace casi un año tomé una decisión: iba a empezar a mostrar lo que escribo. Puede resultar ridículo a estas alturas, después de más de diez años escribiendo profesionalmente. Pero no es tan sencillo como parece…

Cuando escribo un guion de un documental, de una audioguía, de una actividad, de un interactivo o un texto para un museo estoy protegida. Hay muchas más personas que trabajan conmigo en esos proyectos y mis señas de identidad, si es que se perciben entre líneas, quedan del todo diluidas en los productos que resultan. Hay, también, muchas más voluntades, cabezas pensantes y personas que pueden tomar decisiones sobre los textos. Siempre existe un cliente para el que escribo y es él quien finalmente decide qué forma y aspecto deben tener las cosas. Es cierto que, a menudo, tengo la suerte de escribir con total libertad y por eso, en muchas ocasiones, funciona más la autocensura que la censura externa. Intento evitar un estilo demasiado alejado de la imagen corporativa del cliente y cosas así. Pero al final esas pequeñas cosas, la autocensura y la autorización del cliente, me otorgan la sensación de contar con una red bajo el alambre.

Es mucho más difícil hacer equilibrios sin red.

Escribir algo que nadie me ha pedido tiene un poco de eso. En lugar del lujo y el disfrute de compartir con los demás, solo siento la presión y el juicio externo. Como si alguien fuera a tomarse la molestia de leer con el bolígrafo rojo preparado para corregir y como si las cosas que escribo fueran mínimamente importantes como para pararse a emitir un juicio. Cuando lo pienso fríamente, sé que exagero. Y cuando veo a mis compañeros compartir su trabajo con alegría, disfrutar de encontrarse entre las letras y el papel con los demás, lo que siento es una inmensa envidia por no poder relajarme y participar de ello. Sí, estoy tan tensa que soy incapaz de apoyar el pie tembloroso en el alambre.

Pero aquella decisión que tomé hace casi un año, la tomé por algo. Es absurdo escribir para nadie. Por eso, voy a empezar a materializar esa idea en este blog. De entrada, empiezo compartiendo algunos poemas, para ir abriendo boca.

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