Descalza

Prendida al suelo,
ocupada en asuntos del cielo.
Sintiendo el palpitar
de la tierra en los pies.
Arrastrándolos magullada
por los guijarros del dolor
para subir a la cima de la claridad.
Una huella desollada,
una llaga viva.
Sucios los tobillos,
fango en las rodillas.
Al extremo de la desnudez,
donde no hay más que nada.
Despojada de todo,
te doy mis zapatos
y solo quedo yo.

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