Vivir de la gestión y difusión del patrimonio

Llevo varias semanas asistiendo al IV Seminario sobre Gestión y Difusión del Patrimonio Cultural Local, que se celebra en la Casa de la Provincia de Sevilla y está organizado por el Máster oficial de Arte, Museos y Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad Pablo de Olavide. Este año se titula “Los profesionales del patrimonio cultural”. Me enteré por casualidad de su existencia y de su gratuidad, hecho que ha pesado notablemente en mi decisión de asistir al evento. Es cierto que el tema, como profesional del patrimonio, me interesa. Pero no tanto como para haber tenido que pagar por él, la verdad.

Fotografía del Seminario¿Qué esperaba encontrar? Un panorama realista de la situación de los profesionales del patrimonio. Y destaco el término «realista» porque para ofrecer realismo en este seminario, desde mi punto de vista, han faltado muchas cosas.

  • Profesionales no vinculados al mundo académico o público: han sido una minoría. Es cierto que los profesores universitarios o funcionarios que han ofrecido su experiencia han tenido en algunos casos una trayectoria también en el sector privado pero, ojo, en los buenos tiempos. Esos tiempos han acabado.
  • Profesionales procedentes de otras áreas formativas: en patrimonio trabajan personas de múltiples perfiles, no solo historiadores, historiadores del arte, arqueólogos o licenciados en Humanidades. Su experiencia podría abrir los ojos a los asistentes: es necesario buscar alianzas y complementariedad en los perfiles. Es necesario tener una visión empresarial para que una empresa cultural funcione y un historiador no tiene por qué tenerla, aunque debe buscar un aliado que la tenga.
  • Agentes económicos: los que ponen la pasta en esto del patrimonio. Si este seminario está destinado a profesionales en formación, si la intención es mostrarles el panorama que se van a encontrar, ¿por qué no llevar a los que financian su trabajo? Estoy hablando de agentes públicos y privados, fundaciones dispuestas a ejercer patrocinios —o que lo hayan hecho en el pasado—, asociaciones dispuestas a contratar como clientes, marcas comerciales e incluso, usuarios, el común de los mortales. Sería interesante saber qué están dispuestos a pagar y por qué. Desde el que pone millones hasta el que paga por una visita de cinco euros.
  • Profesionales de la edad de los asistentes: ¿cuánta gente entre los 25 y 35 años está trabajando hoy en Sevilla del patrimonio y viviendo de ello? ¿Qué decisiones tomaron para encauzar su trabajo y tener éxito? No vale la experiencia de quienes tienen 45 años, porque hoy no existen las oportunidades que ellos encontraron. ¿Han trabajado y ya no trabajan? ¿Por qué? ¿Han enlazado becas mal remuneradas y sin cotizar? ¿Se han reinventado para entrar en otro sector? ¿Han estado sobrecualificados para el puesto que se han visto obligados a desempeñar? No se trata de desanimar, claro, sino de mostrar lo que se van a encontrar.

Esta falta de realismo, de conexión con la cotidianeidad de la empresa cultural o las empresas de otros sectores que requieran profesionales del patrimonio, puede que haya dejado a los estudiantes del máster tan desorientados como antes de empezar el seminario. Al menos, esa es mi percepción. Eso sí, aún quedan sesiones por delante. Seguiré asistiendo y, por supuesto, como decían los periodistas de antes, «seguiremos informando».

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