Silo de Fuentes de Andalucía, Premio FUPIA

Conocí a Iñaki Izarzugaza cuando impartía un curso de museografía al que yo asistía como alumna. Han pasado cuatro años y, desde entonces, he podido trabajar con él en varias ocasiones. Ahora, han concedido un premio a uno de los proyectos de los que es responsable: la musealización del Silo de Fuentes de Andalucía. No solo me parece un motivo excepcional de celebración, sino una ocasión para seguir aprendiendo de él. Así que le he propuesto realizar una entrevista para este blog, a la que se ha prestado gustoso. Como el tema ha dado mucho de sí, aquí os traigo la primera parte.

P. Toda tu trayectoria profesional ha estado enfocada al patrimonio industrial. Ahora, uno de tus proyectos ha obtenido el II Premio de la Fundación Patrimonio Industrial de Andalucía. ¿Crees que estos premios sirven para dar visibilidad al patrimonio industrial y reivindicar la importancia de actuar sobre él?

R. Bueno, sí, mis inicios con el patrimonio cultural vinieron parejos al gusto por lo industrial y el descubrimiento de algo llamado «Arqueología Industrial». Esto fue en la segunda mitad de los 80 y todavía hoy —en Andalucía, como en el resto de España— el Patrimonio Industrial se clasifica como «emergente». Esto es un eufemismo que significa en realidad «sin reconocimiento social pleno». Por eso, los premios son una forma muy efectiva de prestigiar el legado de nuestros abuelos y de difundir el interés y el potencial de esta parcela del patrimonio.

En Cataluña —comunidad donde está implantada la consideración por lo industrial— existen desde principios de los 90 los Premis Bonaplata, impulsados por el Museo de la Ciencia y de la técnica de Catalunya, con el afán de visibilizar y enraizar socialmente el legado de la sociedad industrial. Aquí, en Andalucía, estamos en la segunda edición de los premios FUPIA, lo que es ya un logro.

El proyecto en el Silo de Fuentes de Andalucía ha sido desarrollado a tres bandas. Además de tu empresa, Espiral, Animación de Patrimonio, colaboran silosygraneros.es y la Fábrica de Arquitectura. ¿Qué aporta cada uno?

Silos y graneros es un grupo de estudio y difusión de la importantísima red nacional de silos, a la que perteneció el Silo de Fuentes entre los años 60 y 80, y que fue pilar de la política agraria del franquismo. De este grupo de investigación forma parte Carlos Mateo, arquitecto en «Fábrica de arquitectura», el estudio que ha realizado el proyecto de rehabilitación del silo para su visita pública. Espiral se ha encargado del dispositivo museográfico para transmitir al visitante los contenidos propuestos por el Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía para crear un nuevo producto turístico cultural. El Ayuntamiento es, de hecho, promotor de la intervención y cuarta pata del proyecto.

¿Cómo surgió la idea de desarrollar este proyecto?

La idea se forja a partir de la decisión municipal de conservar y dar una función al silo. «Fábrica de arquitectura» concretó las soluciones para integrarlo como biblioteca, salón multiusos y equipamiento turístico. Este último uso se desarrolla en el edificio histórico. La intención es que el visitante realice por el interior del silo el mismo viaje que el grano debía hacer para ser almacenado.

¿Y qué se quería conseguir? ¿Crees que se ha logrado o aún hay trabajo pendiente?

Supongo que te refieres a que del proyecto inicial solo se ha realizado la parte del silo, y esto de forma parcial. Es el sino de los tiempos menguantes en los que vivimos. Aún así el resultado sigue siendo notable. Se accede a las terrazas superiores del edificio a través de un ascensor alojado en la torre de elevación, que antaño hacía lo mismo con el trigo de la comarca de Fuentes. La rampa prevista para la bajada no se ha terminado de materializar. Sin embargo, la intervención arquitectónica actual ha perforado el interior del edificio, dejándolo listo para alojarla cuando el promotor lo considere. Es decir, pese a la merma de la idea inicial, la experiencia que se ofrece al visitante se mantiene: el recorrido sigue siendo el del trigo en el silo, se le da acceso desde las terrazas a la visión del entorno paisajístico y luego se desarrollan algunas de las temáticas desde el interior de las celdas de grano y en un montaje expositivo.

La campiña andaluza está poblada de muchos otros silos como el de Fuentes, ¿no es así?

Así es. Silos como este pueblan la campiña andaluza, el alto y bajo Guadalquivir, las vegas granadinas… Excepto la sierras, prácticamente aparecen en toda la geografía andaluza. Ten en cuenta que en España eran casi seiscientos y eso da para mucho. Silos como el de Fuentes son jalones del paisaje agrario español. Son edificios seriados, semejantes entre sí, y por eso mismo esperables y reconocibles, como los mojones en las carreteras que atraviesan el campo de nuestro país. Esos enormes cajones opacos, aparecen asiduamente en la ventanilla del coche en las excursiones que hacía con mis padres y hoy siguen estando ahí, con lo que la sensación seguirá siendo parecida para los chavales de hoy en día.

Entonces, ¿qué tiene de especial el Silo de Fuentes?

Frente a esa repetición, lo que diferencia al silo de Fuentes del resto es el valor que la sociedad de Fuentes de Andalucía ha reconocido en él. Esto es, entiende que no solo es un edificio —¿feo?—, que «okupa» una parcela de su pueblo, que además ya no es periférica como antaño sino que tiene un valor urbano y aún crematístico importante. La sociedad de Fuentes entiende que ese silo ha sido eje principal de su vida reciente: un edificio en el que el cereal de cada cosecha, fruto del trabajo de los miles de agricultores de Fuentes y de la comarca, tenía que ser depositado obligatoriamente y a los precios que el Servicio Nacional del Trigo establecía por decreto cada año. Es un edificio que no solo contrasta con el resto del casco, sino que además contiene parte sustancial de la historia de las personas que allí habitan. Y por eso merece ser conservado, al igual que las iglesias y el resto de la estupenda arquitectura barroca que forma parte orgullosa de su identidad. En definitiva, la voluntad de mantener la memoria de su pasado y darle un uso social y cultural es lo que diferencia al Silo de Fuentes del resto.

Una de las líneas básicas de este proyecto consiste en convertir el silo en un mirador, ¿por qué? ¿Qué se puede observar desde las terrazas?

Sí, el nombre finalmente escogido es «Silo de Fuentes de Andalucía. Mirador de la Campiña». El silo ofrece su altura al visitante para que pueda observar dos entornos. En una terraza, el paisaje urbano de Fuentes; en la otra, hacia el Este, un paisaje monótono pero salpicado de numerosos y variados componentes. Son 15 en total: desde la iglesia parroquial a la evidencia del trazado de un ferrocarril desaparecido, pasando por la central termo solar más avanzada del mundo o explotaciones agropecuarias. Todos son elementos que están allí para el que quiera verlos. Para ello, la interpretación te ayuda a identificarlos como si un anfitrión local te acompañara y te mostrara la panorámica. No sé, a mí me gusta que ante algo novedoso y que desconozco, me lo señalen y me lo expliquen. Pienso que al visitante que se acerque hasta el silo de Fuentes le pasará igual.


Hasta aquí la primera parte de la entrevista. En la próxima entrega, sabremos un poco más de la propuesta museográfica y la implicación de los ciudadanos de Fuentes de Andalucía en el proyecto.

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