Storytelling vs. Narrativa

Hace días que quiero escribir sobre este tema. Todo empezó con un debate en twitter junto a Clara Merín y Eva Snijders. Clara hablaba sobre “storytelling” en un post y yo no pude evitarlo. Cansada como estaba de leer este término por todas partes, como si no tuviéramos un equivalente perfecto en español, como si no significara lo mismo, me lancé a defender el término “narrativa”, ¿por qué no?

Eva entró en la conversación para ofrecer su opinión: que el campo semántico de “storytelling” era más amplio que el de “narrativa”, algo con lo que yo discrepo. Para demostrármelo, me remitió a este post de Montecarlo, que no he podido leer en profundidad hasta hace un rato.

En él, su autor define el término narración y sus objetivos. Aquí comete varios errores. Por un lado, habla de la narrativa aplicada al cine, cuando en este medio solo se emplea en contadas ocasiones. La narración exige la presencia de una instancia narrativa, una voz narrativa, que transmita los acontecimientos de la historia. Esto es lo que define la narrativa. La instancia narrativa pone una distancia entre los hechos y el público. Distancia que no suele existir en el teatro —aunque podría— o en el cine —donde también podría—, ya que en estos casos suele mostrarse directamente y sin intermediarios una “representación” de los acontecimientos.

Por otro lado, se plantea los objetivos de la narrativa, hablando de fines últimos, planteamiento que también me parece equivocado. Explica que la Narrativa (o Storytelling con mayúsculas) busca la mejora personal y la transmisión de valores, además del simple entretenimiento vacío de la narrativa. En fin, esto es como decir que no es lo mismo una Silla con mayúsculas que una simple silla, porque la Silla es donde nos sentamos, no solo por sentarnos, sino para encontrar ese merecido descanso; mientras que una pobre silla puede servir para sentarnos a comer o ante una mesa de trabajo. No, una silla es una silla. Lo importante es que nos sentamos en ella. No para qué nos sentemos.

Por otro lado, pretende distinguir la Narrativa de la narrativa hablando de los componentes manipulativos de la segunda y el deseo de compartir de la primera.

La primera idea me parece peligrosa. Es necesario saber que toda narración es una construcción. Cualquier acto de transmisión o exposición de acontecimientos implica una selección, ordenación y uso de recursos para desarrollarla. Aunque nuestra manipulación sea bienintencionada, aunque busque la transparencia y la objetividad —inalcanzable, por cierto— debemos saber que siempre filtramos desde nuestro punto de vista. Todas las narraciones lo hacen. Y no decir esto alto y claro, no asumirlo, es peligroso, porque nos deja indefensos ante toda la pléyade de narradores cuyas historias leemos o escuchamos en la actualidad, que son muchos: desde literatos, artistas y creadores, hasta medios de comunicación tradicionales o políticos. Hay que ser consciente de eso. Saber que todos, sin excepción, manipulamos cuando transmitimos información, queramos o no.

Respecto al segundo punto, el autor habla de la participación de la audiencia. De nuevo, considero que se equivoca al hacer distinciones, porque todo tipo de narración, todas ellas independientemente de la intención que tengan, requiere de la participación del público. Ya sea para vender un producto, para hacer cambiar de opinión a alguien o para un desahogo personal contándole tus penas a tus amigos, toda narración exige participación del público.

La narrativa decimonónica nos ha hecho creer que no es así, que el público puede ser pasivo. Nos ha ofrecido la ilusión de que no era necesaria su participación, porque el autor se lo daba todo mascadito. Pero no era más que una ilusión, un trampantojo. El hecho de que el andamiaje no sea visible, no significa que no exista.

Para terminar, el autor habla de que el proceso activo que transforma al usuario provoca en él un cambio de actitud. Sin querer ponerme pedante, esta idea ya está presente en la Poética de Aristóteles, cuando el término Storytelling o storytelling ni siquiera existía. Vamos, como diría alguien, que es más antiguo que el hilo negro. Por eso no entiendo la necesidad de importar un vocablo ajeno a nuestra tradición cultural cuando los conceptos a los que se refieren son anteriores y están inscritos ya en nuestra cultura, con términos propios.

En conclusión, este post no me convence de que sea preferible usar el término storytelling frente a narrativa. De hecho, ni siquiera se centra en eso, sino en una serie de consideraciones sobre la narrativa, en general, que están erradas de base, porque se refieren a fines últimos que son independientes de la técnica.

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