Elogio del silencio

Hace unos días me reuní con los compañeros de la tertulia literaria en la que participo y de la que ya hablaré cuando llegue el momento. Hablando de nuestras actividades y planes de futuro en común, a uno de ellos se le ocurrió que podíamos organizar un “jam de escritura“, una de esas experiencias de creatividad en directo. Algo parecido a lo que se puede ver en este vídeo.

Yo me pregunté para qué servía en realidad llevar a cabo un espectáculo de escritura delante de un público interesado. Y una persona que asistía invitada a nuestra reunión me explicó con detalle cómo funcionan esas experiencias: es posible ver en directo lo que el autor va escribiendo, cómo se detiene en mitad de la frase, vuelve atrás, borra una palabra, la sustituye por otra, empieza a introducir más adjetivos donde antes había un terreno yermo a base de tristes sustantivos solitarios, cambia una coma por un punto. Punto. Corrige la puntuación, la ortografía, busca un sinónimo aquí o allá, descubre que ha repetido dos veces la misma palabra en dos frases seguidas y vuelve a buscar. Deja la frase a la mitad, cambia de párrafo, vuelve a la frase anterior para terminarla. Introduce una frase nueva en mitad de un párrafo que parecía perfecto y cambia por completo su sentido.

Sí, puede ser interesante ver eso, como espectador. Puede significar un mundo entero por descubrir para quien no suele escribir. Puede ser tan interesante como asistir a la interpretación de un virtuoso del violín cuando tú apenas eres capaz de poner cuatro acordes en tu vieja guitarra.

Pero no se trata de eso. Quizá la persona que me contestó no había entendido mi pregunta. Lo que yo quería saber es qué me aporta a mí como autora exponer eso a un público. ¿Me va a dar notoriedad? ¿Va a empezar a considerarme escritora esa gente que antes no veía más que a esa chica gris que pasa el día entre cuatro paredes delante de un ordenador? ¿Va a conseguir que me compren? Pero, ¿qué es lo que van a comprar? ¿Unos cuantos relatos de los que nunca estoy del todo contenta? ¿Un par de proyectos para una novela corta y una novela de las largas, de las que pesan en la mesilla de noche?

No, es la hora de escribir. Sin público. Es la hora de encerrarme entre cuatro paredes y darle a la tecla. Es la hora del esfuerzo en silencio, sin escándalo.

Porque esforzarse en silencio es lo único que puede dar resultados, cuando se trata de escritura. Porque el ruido es solo ruido y no trabajo. Porque cuando tenga hecho todo ese trabajo y pueda estar plenamente satisfecha de él no necesitaré espectáculos ni eventos. El que quiera mis letras, que las compre. Pero que no me compre a mí, que yo no sirvo para eso.

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