Residencias y becas para escritores

Los escritores tenemos la mala costumbre de dedicarnos a escribir. Es decir, a escribir compulsivamente, lo que nos echen. A veces con poco criterio. A veces porque pensamos que no sabemos hacer otra cosa. Y de algo hay que vivir, ¿no? Pero precisamente por eso, para un escritor que viva de sus letras, escribir —sus propias cosas, lo que de verdad desearía ver publicado— puede ser misión imposible.

Hay muchos escritores que viven de sus publicaciones en prensa. Otros son guionistas o trabajan en gabinetes de comunicación y cosas así. En cualquiera de esos casos, pasar una jornada laboral —de ocho horas— documentando y escribiendo, para luego dedicar el escaso tiempo libre a seguir documentando y escribiendo es un suicidio creativo.

Así que quizá sea conveniente tomarse las cosas con un poco de calma: reservar tus vacaciones para ese proyecto soñado o, si eres capaz de ganártelo, dedicar unos meses, puede que un año, exclusivamente a la escritura creativa.

Para lo primero, debes involucrar a la gente de tu entorno. Convencer a la familia de que necesitas el verano para escribir no es tarea fácil. De hecho, lo más probable es que no lo consigas, o que lo consigas solo a medias. Lo mejor es intentar buscar el equilibrio entre la vida personal, profesional y familiar. Y cruzar los dedos para que sean comprensivos. Tener una pareja comprensiva y paciente debería ser condición sine qua non para iniciarse en este oficio.

En el mejor de los casos, tendrás un mes libre para escribir. Y de nuevo, deberás preguntarte dónde hacerlo. Quizá quieras aprovechar la fría calidez de las bibliotecas y cafeterías casi vacías, rugiendo de aires acondicionados en plena temporada alta. Otra opción es recluirte en un apartamento, un hotel o una casa rural, que en la mayoría de los casos tendrías que financiar de tu bolsillo. En este sentido, existen algunas iniciativas curiosas, que facilitan —en todo o en parte— las residencias para escritores. Este año he descubierto esta, que organizaba la editorial Axóuxere, junto al Concello de Rianxo. Otra similar es la que propone Can Serrat, muy cerca de Barcelona. Se trata de una residencia a precio de hotel que, sin embargo, cuenta cada año con becas para dos escritores, a los que reduce el coste de la estancia a la mitad.

Luego están esas jugosas becas que te permiten escapar del mundo real durante unos cuantos meses o incluso un año. Algunas, como la de la Residencia de Estudiantes de Madrid, con el plazo abierto ahora mismo, permiten que te olvides de hacer la comida y te ofrecen un techo bajo el cual reina el ambiente de trabajo. Todo ello, avalado por el prestigio de la institución. Algo parecido ofrece en Córdoba la Fundación Antonio Gala para creadores jóvenes, menores de 25 años. Otra beca interesante es la que propone la Fundación Han Nefkens, para estimular la creación literaria desde Barcelona. Esta beca no dispone un espacio para el escritor sino, más bien, “un tiempo”: un año, durante el cual, el autor disfrutará además de la matrícula para asistir al Máster de Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra.

La beca de la Academia de España en Roma, concedida por Ministerio de Asuntos Exteriores, es similar. Pero además te permite desarrollar tus habilidades en lo que fue durante siglos el centro del arte. Existen muchas otras residencias parecidas a lo largo y ancho de Europa: en Alemania, en Bélgica, en Italia… La mayoría son ofrecidas por fundaciones o entidades privadas. Su duración es variada: desde un mínimo de dos o tres semanas hasta seis, ocho, nueve meses. Y también son diferentes en cada caso sus requisitos, por lo que habrá que tener muy en cuenta si exigen tener obra publicada o si tienen límite de edad antes de lanzarse a rellenar formularios de solicitud.

Aunque la oferta parezca amplia y variada, es más reducida que la que existe para otras disciplinas artísticas. Seguramente por aquello de que teclear en un portátil es algo que se puede hacer en cualquier sitio y construir una escultura de dos metros de hormigón y planchas de acero, no.

En cualquier caso, la idea de dedicar un tiempo y un espacio en exclusiva a escribir es atractiva. Si además ese espacio puede compartirse con otros creadores, aún mejor, ¿no? Estoy segura de que esas estancias son el origen de creaciones muy interesantes, que habrían sido diferentes de haber nacido en un estudio solitario. ¿Alguien quiere contar su experiencia?

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