Escribir en compañía

Imagínate a un escritor. Está haciendo su trabajo. Fíjate bien: ¿qué es lo que hace? Teclear, teclear, teclear. Está solo, aislado en su cueva de escritor. La habitación de un manicomio con paredes acolchadas, pero no de material plástico y flexible, sino de libros. Un lugar oscuro, iluminado por un flexo déspota y cruel, envuelto en humo. El centro es la máquina de escribir —o el ordenador—, rodeada de papeles desordenados. ¿Lo ves? Pues no. No tiene por qué ser así.

Ya hablamos en otra ocasión que cada cual escribe donde más le gusta. Algunos con música y otros sin ella. Algunos en su despacho y otros en su dormitorio, en su biblioteca favorita, en su piscina o en su cuarto de baño. Lo importante es que fluyan las ideas, claro. Pero hay algo que las hace fluir y casi nadie comenta: la compañía.

Sí, tú, escritor novel, pensarás que te vas a distraer. Que si escribes con amigos, con otros conocidos a quienes les importa la literatura, os vais a liar a charlar de esto y de lo otro. Puede que sea tu caso. Pero puede que no, ¿lo has probado?

Mi experiencia es muy clara y, sobre todo, muy positiva. Rodearte de gente que tenga la misma pasión por la escritura es enriquecedor. Y sobre todo, alivia. Si estás empezando en esto de escribir, si lo que quieres es aprender, seguro que tienes miles de dudas —y lo reconoces—. Si llevas más tiempo, puede que tengas aún más dudas, pero no lo quieras reconocer. El caso es que si tienes una terapia de grupo donde exponerlo, cual alcohólico anónimo, y desahogarte —“Hola, me llamo Almudena y me gusta escribir”, “¡Hola, Almudena!”— tendrás más posibilidades de sentirte mejor y avanzar en tu proceso de aprendizaje. ¿Que cómo? En varios pasos muy sencillos:

Propón: ¿tienes una idea para escribir un cuento, una novela o un poema y no estás seguro? No te lo propongas solo a ti mismo. Propónselo a ellos. Cuéntales a ver qué les parece. Te aliviará saber que no es una idea descabellada. Y si lo es, ya lo descubrirás tú mismo mientras la explicas.

Aporta trucos y bibliografía: ayudar y que te ayuden, esa es la regla. Un amigo te ofrece bibliografía específica para documentar tu trabajo; ayúdale con su estructura mostrándole maneras de construirla, posibles desarrollos.

Debate: sobre todo lo que tenga que ver con el proceso de escritura. Ver cómo lo hacen los demás te ayudará a descubrir otras maneras o a ubicarte en tu contexto y tomar decisiones.

Lee: tus propios textos y los ajenos. Avivará tu espíritu crítico y te ayudará a corregir tus propios escritos. Pero sobre todo, disfrutarás con lo que te pueden ofrecer los demás. Seguro que es más de lo que creías.

Y sobre todo, escribe: parece que no, pero podéis escribir en compañía. No solo hablar del proceso de escritura y de las obras, apasionadamente, como enamorados. Sino que podéis sentaros juntos, en una mesa junto a otra, en un despacho, una biblioteca o en el salón de tu casa. Y podéis crear una burbuja de escritura, donde todo fluye.

Es posible. A pesar de las apariencias, es posible y fructífero. Es una de estas cosas que hacen más feliz la vida de un escritor. Doy fe.

Esta entrada fue publicada en Escritura. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s