Textos expositivos

¿Cómo deben ser? Como siempre, la respuesta es que no hay una norma única y que depende de muchos factores:

La tesis del Museo y el resto de recursos museográficos: es decir, el Museo debe preguntarse, ¿cómo voy a contar lo que quiero contar? Lo más probable es que disponga de varios recursos para ello. Y emplearlos todos para ofrecer el mismo tipo de contenido es un error: es aburrir machaconamente.

El visitante: esto es lo esencial. Muchos museos han cometido durante años el error de no segmentar en función del público. El concepto “para todos los públicos” no solo es una fantasía, sino que resulta contraproducente para el público real. Hay que saber a qué tipo de visitante va dirigida la expo y qué conocimiento previo tiene del asunto. Seguramente, habrá varios grupos muy diferentes entre sí. Por eso, es posible ofrecerles distintos tipos de contenido en diferentes soportes. En este sentido, es conveniente reflexionar sobre el tipo de visitante que no emplea otros recursos didácticos (actividades, dispositivos…) y escribir para ellos. No son siempre los más desinformados, en mi opinión. Así que es posible ser un poco exigente.

El tipo de exposición: las hay monográficas sobre un artista, por ejemplo, que nos permiten escribir textos con cierto nivel de detalle, para ir profundizando en sus características y temas principales. Otras, con un sentido más transversal, deberían contar con textos de carácter general, capaces de aportar mediante breves pinceladas la tesis del museo.

El tipo de recorrido: ¿es lineal o libre? ¿Exige al visitante ir en un sentido o no? Esto es esencial para establecer una estructura narrativa. Si el recorrido fuera rígido y lineal, permitiría establecer una serie de textos con un orden concreto, por lo que la información podría ir creciendo en un sentido determinado. En caso contrario, los textos deberían ser independientes y entenderse de manera aislada.

La duración de la visita: es difícil mantener la atención durante más de hora y media de recorrido por lo que, en general, la visita no debería exceder este tiempo. Sin embargo, hay exposiciones larguísimas por su excepcionalidad (me viene a la cabeza la del Hermitage en el Prado, por ejemplo). ¿Qué hacer en estos casos? Si ya es agotador ver sala tras sala, más aún leer textos por todas partes. En este tipo de exposiciones, deben reducirse al mínimo, recordando siempre que la pieza debe ser protagonista.

Recomendaciones generales

Eso sí, aun sin tener en cuenta estos factores, yo propondría seguir siempre estos consejos:

  • Abreviar: lo bueno si breve…
  • Ser ingenioso: funcionar como la publicidad, para enganchar, atraer, invitar a cuestionarse.
  • Evitar la sobredosis de información: la abundancia de datos está bien para otros soportes. Es más una información de catálogo, dirigida a especialistas o estudiosos del asunto.
  • Clarificar: frases cortas, sencillas, que se entiendan fácilmente, evitando expresiones rebuscadas y abundancia de subordinadas.
  • Informar: si un texto no aporta información nueva, sino que es redundante o repetitivo, es ruido. Hay que eliminarlo.
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