Trucos para construir a tus personajes

La pesadilla de todo escritor es que sus personajes sean poco creíbles, estereotipados y sin alma: esos personajes que todos hemos visto una y mil veces en la historia de la narrativa de ficción (desde la princesa y la madrastra de los cuentos al feo, el bueno y el malo de los westerns). Esos arquetipos, trabajados con un poco de gracia y saber hacer, quedan resultones y pueden servir adecuadamente a su función. Y bien es cierto que, en muchas ocasiones, el narrador desea servirse precisamente de esas convenciones para criticar o denunciar el alienamiento social que vivimos como si nada.

Pero en muchas ocasiones, nos enfrentamos a ese miedo de resultar aburridos, de escribir de nuevo lo que ya se ha escrito tantas veces y de proponer gentes de cartón piedra. A mí, al menos, me ocurre. Y aunque no tengo la solución definitiva al problema, sí tengo mis pequeños trucos.

El primero es “documentar” bien al personaje. Ya sé que no tiene mucho sentido eso de documentar a alguien que no existe, pero la denominación responde al hábito profesional, más que nada. Me sirve para distinguir esta fase de la siguiente, que yo llamaría de “evocación”, porque es el momento en que voy evocando, sobre el papel, eso que tengo ya construido en mi cabeza (o en miles de páginas en distintos cuadernos o documentos varios en mi ordenador).

Para esta fase de documentación del personaje, empleo los siguientes trucos:

  1. Ponle cara: es más fácil imaginártelo como una persona de verdad si tiene la cara de una persona de verdad. Salvo que quieras escribir una biografía, no es conveniente usar la foto de alguien bien conocido, ya sea familiar o amigo. Una buena opción es escoger la imagen de un actor, siempre que sea un buen actor y no se coma a sus personajes y, por supuesto, que no tenga ese brillo de Hollywood que lo vulgariza todo.
  2. Conviértete en funcionario del registro civil: y cuéntame los datos básicos de tu personaje. Nombre y apellidos, fecha y lugar de nacimiento, estado civil… Es un rollo, pero es básico para tener controlado al personaje. Eso sí, hay que tener en cuenta los tiempos: si está casado, hubo una vez en que no lo estuvo. Esta ficha debe tener la fecha en que transcurre la acción (o al menos la acción principal).
  3. Cuéntame su vida: con fechas, con datos exactos. Cuando hagas unas cuantas historias de vida, te darás cuenta de que todas tienen unos cuantos hitos similares. Pero quizá por eso, este ejercicio sirve mejor que ningún otro para descubrir cómo romper esa tendencia. En seguida verás que, a veces, las anécdotas más tontas son las que resultan más significativas para cambiar el rumbo de una historia y destacar las características del personaje.
  4. Define su personalidad: esto es de lo más difícil. Hay que hablar de gustos, de manías, de creencias, de deseos y frustraciones, de temperamento y carácter. Si te fijas en las personas de tu entorno, verás que su actitud en la vida no es un bloque homogéneo, no hay blancos o negros: al contrario, hay muchos matices de gris e incluso contradicciones. Las personas somos poliédricas y, nuestros personajes, también deben serlo si queremos que sean creíbles. Ante todo, trabaja el comportamiento de tu personaje con los demás y verás que ahí también se producen diferencias importantes, en función de con quién se esté relacionando en cada momento. Este es el punto clave, el que define a nuestros personajes en la historia. Aunque aún no estén desarrolladas las tramas, esboza sus movimientos con los demás.
  5. Ponte esotérico: aunque te parezca una tontería, este paso te puede dar muchas ideas. Busca un nombre significativo, es decir, literalmente, un nombre cuyo significado esté vinculado al papel del personaje a la historia. Busca el arcano del tarot que encaje con su personalidad o con su papel en la historia. Si quieres, puedes buscar su signo del zodiaco o crearle una carta astral y entresacar del amasijo de datos absurdos que encontrarás algunas ideas interesantes sobre su comportamiento o su trayectoria. También puedes otorgarle una identidad según su eneatipo (esto es una cosa del eneagrama de personalidad que aún no he investigado, pero por probar…). En fin, tira los dados y, si te convence lo que sale, anótalo.
  6. Y finalmlente, empieza a evocar: antes de abordar el proceso de escritura, será necesario tener claro cómo se van a exteriorizar todas esas características que has otorgado a tu personaje. Por ejemplo, ¿tiene algún tic, algún gesto característico? ¿Tiene alguna prenda de vestir favorita o algún objeto del que nunca se separe? Hacer una lista con todos estos elementos y su significado en función de la personalidad puede darte mucho juego en plena escritura. Por ejemplo, si tu personaje es un tipo meticuloso y obsesionado con la seguridad, recuerda mostrarlo comprobando la cerradura de la puerta varias veces antes de salir. Son estos detalles los que consiguen construir al personaje.
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