¿Sobre qué escribe un escritor?

O mejor: ¿por qué elige un escritor este u otro tema para escribir sobre él? Puede que algunos lectores se hagan esta pregunta. Puede, también, que interese a algunos escritores noveles.

Me imagino a un escritor, publicado o no, en pie frente a la mesa de novedades de una concurrida librería (¿eso existe? Bueno, alguna tienda importante y con mucha fama de tener de todo que, además, venda libros). Me lo imagino firme, inflexible, recorriendo su vista por los títulos, a cuál más vulgar. Portadas feas, pero brillantes y llamativas. Tipografía de palo, de gran tamaño, en negrita. Imágenes tópicas o manchas de color de fondo. Y, según el año del que estemos hablando, novelas seudohistóricas a modo de autobiografías de personajes famosos de tiempos remotos o, qué sé yo, novelas erótico-festivas con títulos que evocan ciertas prácticas sádicas. No es más que un ejemplo. Y me lo imagino ahí, mirando, silencioso, pensando: “Mi libro podría estar ahí… Si sólo hubiera querido escribir sobre el tema de marras”.

Pero, sinceramente, no creo que ningún escritor actúe de esa manera. Quizá soy un poco ingenua.

Tampoco creo que ninguna editorial y ningún agente literario den pautas a sus escritores, para sugerirles temas. Puede que seleccionen una obra u otra, en función del tema, sí. Pero no creo que sugieran. No sé, insisto, quizá soy ingenua.

El hecho es que estoy bastante convencida de que un escritor sólo puede escribir, sólo se sentirá cómodo escribiendo y sólo será capaz de llevar adelante a su obra, hasta el final, si ama lo que hace, si el tema realmente le interesa y le es conocido. Si escribimos por amor, vamos. Lo demás es impostura. Y lo peor es que termina notándose. Podemos intentar ser comerciales, sin duda; intentar buscar el tema de moda; pero si no lo hacemos nuestro no servirá de nada.

Conozco muy pocos escritores. Así, de carné, diría que ninguno. Quizá uno o dos. ¿Cuentan los autopublicados? Pero personas que escriben, unas cuantas. Y por más que les cueste, por más que anden a trancas y barrancas para concluir su obra, sólo lo hacen con temas que consideran, de una forma u otro, propios.

Porque sí, podemos escribir una novela de detectives, vale. Pero, ¿sabes qué? Resulta que en realidad estás hablando de familia.

Y sí, podemos escribir una novela histórica sobre la posguerra. Pero, ¿sabes qué? Resulta que en realidad estás hablando de familia.

Y sí, podemos escribir una novela con el trasfondo de los cuentos infantiles. Pero, ¿sabes qué? Resulta que en realidad estás hablando de familia, como los propios cuentos infantiles.

Y también, podemos escribir una novela sobre una ruptura amorosa. Pero, ¿sabes qué? Que, vale, aquí no hay trampa ni cartón. Estás hablando de amor y eso nos interesa a todos.

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